El Silencio 3ª Parte y final.

Atardecía lenta e irremediablemente y en esa habitación no había más que silencio y respiraciones sincopadas.
Ella deseaba sus besos, su aliento, su piel. Quería perder la razón y adentrarse sin prisa en la danza del cuerpo. No se atrevía a hablar, no tomaría la iniciativa, de sólo imaginarlo sentía revolotear su pecho. Se sentía tonta, inmadura, ya le había dicho mil veces las cosas que le gustaban de él. Había soñado con ese encuentro, lo había inventado con pasión, con entrega. Sonreía al descubrir que ahora no tenía agallas ni para quitarse la ropa. “¿Qué hacen las mujeres en un momento así?”, se preguntó. En su vida diaria su marido se ocupaba de todo. ¿Cómo entonces pedirle que le hiciera el amor?
Él por su parte, al verla nerviosa se resignó a la idea de dejar pasar las horas ahí abrazados, si más. Sonrió al pensar que nadie le creería si contaba que había pagado un motel para abrazar a una mujer sin siquiera besarla. “¿Me estaré poniendo viejo?”, se preguntó. No podía ponerse viejo a los 35 años. Tampoco era lógico que ella, tan sólo 2 años menor actuara como una niña. ¿Cómo entenderlo?.
Se abrazaron, se olieron la piel. Se desearon. No se atrevían a hablar, sin saber que ambos querían lo mismo, sin siquiera pedirse un beso. “Hazme el amor” suplicaba ella en silencio. “Déjame amarte” le pedía él sin hablar. Una señal, sólo una pequeña señal necesitaban del otro para atreverse. Pero la señal no venía y avanzaba el reloj.
Afuera ya había oscurecido y la ciudad seguía con su vida bajo las luces de las calles. A unas cuadras la catedral daba las campanadas de las seis de la tarde. Nuestros amantes recordaron que debían marcharse. Se buscaron la vista y ambos quisieron hablar al momento. Sonrieron. Él al ver que ella guardó silencio le dijo:
- Si no me quieres besar hoy te lo pediré mañana.
- Y si aun no quiero.
- (Miró al techo como para pensar su respuesta) Volveré a intentarlo.
- Y si nunca cedo (Sonriendo levemente).
- Entonces no te lo pediré, simplemente lo robaré de tus labios.
- No será fácil.
- No dije que lo sería. Es más, creo que tendré que echar mano de cuanto truco y artilugio pueda utilizar (la miró inventando un rostro siniestro con lo que ella comenzó a reír). Buscaré un libro de embrujos y fabricaré una pócima que haga que te enamores de mí: Patas de araña, ojos de rana, bigotes de gato tuerto, orejas de murciélago, zumo de ojos de perro…
La miró sonriendo, ella no paraba de reír a carcajadas. De a poco quedaron en silencio.
- ¿Qué me dices?.
- Bésame ahora, no quiero beber esa porquería (le dijo ella sonriendo aún).
Había anochecido por completo y estaban ambos recostados sobre la cama, vestidos, besándose por primera vez, como dos adolescentes que recién se encuentran.
Harían el amor, no esta noche, más lo harían. Pero ese es tema para otro cuento.
El Silencio 1ª parte
El Silencio 2ª parte









