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martes 22 de julio de 2008

Violencia en horario prime


¿Cuál es la función del Consejo Nacional de Televisión?

El CNTV debe velar por el correcto funcionamiento de los servicios de televisión, supervigilar y fiscalizar los contenido de las emisiones televisivas para resguardar así los valores morales y culturales propios de la Nación, la dignidad de las personas, la protección de la familia; el pluralismo; la democracia; la paz; la protección del medio ambiente; y la formación espiritual e intelectual de la niñez y la juventud dentro de dicho marco valórico. Ley 18.838

Cuando leo este párrafo, cita textual de la página web del Consejo Nacional de Televisión, me pregunto si la serial nocturna de gran éxito de rating, “El señor de la Querencia”, que se transmite cada noche en TVN, obedece a estos valores morales y culturales propios de la Nación. No hago una declaración innovadora cuando aseguro que los medios de comunicación masivo, entiéndase radio, periódicos y, por sobre todo, televisión, tienen una influencia inconmensurable sobre la conducta de las personas. Los medios de comunicación nos dicen qué comer, cómo y dónde vestir, donde vacacionar, qué se entiende por felicidad, qué se entiende por placer, cómo se ve y actúa la gente perfecta y por supuesto qué es la belleza.
En un país en donde la violencia va en aumento y en donde la cantidad de gente que muere a raíz de esta violencia también va en aumento, me parece totalmente innecesario saturar el ambiente con seriales como esta. “El señor de la violencia”, lejos de ser sólo una teleserie, puede llegar a ser un patrón de conducta para aquellos que no tienen buenos cimientos educativos, carencias familiares y afectivas.
Esta mañana por la prensa escrita (pues no veo televisión), me entero, a través de un titular, que anoche “El señor de la violencia”, quemó a su propio hijo con un fierro caliente, marcándolo cual cabeza de ganado, “¡Que horror!”, pienso mientras bebo mi taza de leche, pero unas páginas más allá, descubro que la realidad supera la ficción y me encuentro con una joven madre de 26 años que mató a golpes a su hija por no haber leído un libro que le habían pedido en el colegio:

Según informó Radio Cooperativa, el subcomisario Mauricio Lara dirigió la aprehensión y explicó que la madre "confiesa que por una tarea que le habían dado en el colegio, la cual no la habría realizado la menor, ella sale de sus casillas y le provoca las lesiones que posteriormente le causan la muerte".
Al leer esto siento que se me aprieta y revuelve el estómago y casi no puedo entender que algo tan sin importancia lleve a la gente a estos extremos:
“…le pega con golpes de puño, la tira contra los muebles de la casa… A los pocos minutos la niña empieza a tener un traumatismo evolutivo, se siente mal, tiene ganas de vomitar y se desmaya. Ella misma condujo a su hija a un centro médico cercano y allí tuvo un paro cardiorespiratorio, le hicieron maniobras de reanimación, pero falleció”
No puedo seguir desayunando.
La primera reacción es maldecir y, aunque no esta permitido el lenguaje soez en este espacio, al mirar la foto de Erna Rivera, no puedo dejar de expresar que se trata de una perra de mierda, que forma parte de un grupo que es víctima de esta sociedad, sobre el cual se ha ejercido por años una violencia extrema y se seguirá haciendo y ahora como si fuera poco se televisa en horario prime.
Lamentablemente en casos tan extremos como estos, siempre alguien tiene que morir, porque a la hora de las entrevistas, resulta que nadie había visto nada y si lo habían visto no opinaron porque “No hay que meterse en huevadas”. Somos una sociedad que condena la violencia a los niños, a los niños de otros, porque en casa les damos de cachetazos como si fuera un derecho. Somos una sociedad que condena la violencia a las mujeres, a las mujeres de medio oriente, porque si el vecino golpea a su esposa yo no me meto porque no es mi problema.
Nos estamos convirtiendo, por mayoría de votos, en una sociedad en extremo violenta y, para nuestra entretención, esta noche va la segunda parte del apaleo del hijo de “EL señor de la violencia”